jueves, 30 de agosto de 2018

Cuando no se puede pedir nada más - Transamericana 2018

Las primeras veces siempre son especiales, como el primer amor, el primer trabajo... ¿Qué tendrán las primeras veces que nos gustan tanto? Es mágico el cosquilleo en el estómago al enfrentarte a algo nuevo, la incertidumbre de no saber que va a pasar lo hace especial. 

Un viaje siempre tiene primeras veces, la primera vez que visitas una ciudad, la primera vez que observas paisajes nuevos, conoces culturas diferentes, situaciones, personas, todo a tu alrededor es desconocido y por tanto nuevo, tal vez sea ese el motivo por el cual me guste viajar. La magia de salir fuera, la magia de poder asombrarse con lo desconocido. 

Hace un año hice mi primer viaje largo, ese viaje fue para mi lo mejor que he hecho en mi vida, por muchas razones el viaje a Australia fue especial y mágico y me ha traído un sinfín de cosas buenas e increíbles entre ellas este viaje del que acabo de volver, la ruta transamericana, Argentina, Chile, Bolivia y Brasil. 

Prometí en en un antiguo post, desde Copenhague, que este iba a ser mi año, que me iba a comer el mundo y a exprimir la vida, después de pisar África en Semana Santa, estudiar fotografía sin parar, conocer a mi actual pareja y compartir un sinfín de momentos con los míos, este viaje tan alternativo como diferente no podía ir mal. Probablemente porque todo sea cuestión de actitud o simplemente consista en desear algo tanto que disfrutar sea una condición indispensable, así pues, probablemente asombrarse no sea solo de las primeras veces, puede que la magia se lleve dentro y aún lo haga más mágico poderlo compartir con las personas que quieres. 

Me fui a visitar lugares tan remotos como espectaculares, algunos inhóspitos, otros maravillosos, la ruta transamericana es una ruta para disfrutar de paisajes impresionantes, el Norte de Argentina, el Valle de la Luna en Atacama, Chile (y su cielo estrellado), las Lagunas Bolivianas, el Salar de Uyuni, los Esteros de Iberá, Iguazú, Buenos Aires... un viaje muy duro, largos desplazamientos, altura, alojamientos extremadamente básicos, mucho frío... pero lo que ves con los ojos no tiene precio y si encima de disfrutarlo lo compartes, ya es simplemente y perdón por la expresión, acojonante! 

Ya de vuelta, compartiendo la experiencia vivida con mi pareja, familia y amigos y soñando con nuevos destinos (eso que nunca falte) y después de mucho tiempo puedo decir: Qué felicidad! Ahora mismo no puedo pedir absolutamente nada más! (Y que dure!) 

No voy a extenderme mucho más y acabo este post con el vídeo del viaje. Antes quiero hacer mención a mis compañeras de viaje, sin ellas no me habría ido a Kenya y por supuesto esta aventura en Sudamerica no habría sido posible, entre otras muchas cosas maravillosas que me han pasado, gràcies de tot de cor! 

“El día que comprendí que lo que me voy a llevar es lo que vivo, empecé a vivir lo que me quiero llevar”. Australia 2017 - Kenya 2018 - Ruta Transamericana 2018... Continuará! 






viernes, 6 de abril de 2018

Siempre me quedará África


Desde hace cierto tiempo mi destino ya nunca más fue un lugar, si no una nueva forma de ver las cosas. 

Si me hubieran dicho hace unos años que haría un viaje a África simplemente no lo hubiera creído, me lo hubiera imaginado, tal vez lo hubiera deseado, pero nunca lo suficiente para coger las maletas y enfrentarme a vacunas, incomodidades, el dejar atrás el mundo occidental o la incerteza de saber que pasaría si me aventuraba de nuevo a viajar sola. Pero todo lo bueno nace de un salto al vacío y yo ya hace unos meses que hice ese salto. Los que me conocéis bien sabéis que empecé a saltar el día que decidí dejarlo todo atrás e irme a Australia, cumplir un sueño de toda la vida, hacerlo sola y curiosamente sentirme más acompañada que nunca. 

Ese viaje estaba hecho para mi, el destino había puesto ahí una serie de vivencias y personas que me ayudarían a cambiar mi vida, a conocerme mejor y sobretodo a encontrar la felicidad en aquello que realmente quería, me llenaba y me llena, sin necesitar a nadie, sin necesitar nada más que la ilusión de exprimir la vida segundo a segundo, al máximo, como si no hubiera mañana.
Allí en Australia me hablaron de África, me hablaron de África con unas palabras y unos ojos tan abiertos y tan brillantes que supe que era un lugar del mundo que tarde o temprano tenía que visitar, así que como bien me conocéis ese temprano siempre acaba ganando al tarde en mi vida, si, soy un poco ansias, pero esas ansias también significan ganas. 

Así que después de darle muchas y muchas vueltas no pude esperarme al verano a emprender ese viaje que tanto prometía y que tenía algo de especial, probablemente porque era el único continente de este maravilloso mundo que aun no había pisado, también porque significaba superar ciertos miedos, por ser un viaje diferente, la cultura, la gente, la pobreza y también probablemente porque sabía que una vez pisara África algo en mi iba a cambiar. 
Y así fue y así ha sido, África no te deja indiferente, Kenya es un país precioso, lleno de fauna y paisajes, ver la fauna en su hábitat natural no tiene precio y para los amantes de la fotografía es un regalo para los ojos, para la mente y para el corazón, Pero lo que más me chocó fue su forma de vida, la pobreza, cómo los niños son felices sin nada, sin absolutamente nada, y con qué poco viven los adultos e incluso ante poblaciones pescadoras que nos aseguraban que de pobres no tenían nada, quedas perpleja con su forma de vida. Da mucho que pensar y valorar lo bien que vivimos aquí. Es un viaje que te hace volar, sobre todo el safari, es maravilloso, pero también es un viaje que te hace abrir los ojos y la mente!

No se que tiene el hecho de estar lejos de casa, pero a mi me hace feliz, me obliga a desconectar como nada el mundo, estar encima del 4x4 en medio de la sabana con el aire en la cara, el sol iluminando los campos, la cámara en mano y de repente unos elefantes, o unos cachorrillos de león jugando, lo que siento cuando puedo observar cosas tan maravillosas como estas me llenan tanto o más que cualquier otra cosa. Te das cuenta de lo impresionante que puede ser la naturaleza, incluso en momentos tan crueles como la caza entre unos y otros, nunca olvidaré áquel león comiéndose un elefante muerto, de bonito tenía poco, pero era un momento especial, probablemente no vuelva a verlo nunca más y forma parte de la vida!
Hay momentos de este viaje que enganchan, una charla frente a la hoguera en medio del Masai Mara por la noche, sin teléfono, sin preocupaciones, ilusionándome con lo que podrá suceder mañana, sin nada que importe nada más que el ver, observar y disfrutar de lo que te rodea segundo a segundo. Viajar es maravilloso, y aunque en este viaje acabé cayendo enferma y no pude saborearlo las últimas 24 horas, aun así, lo repetiría mil y una veces más. África tiene algo que no sé explicar pero lo que seguro que se es que engancha y algún día, seguro que volveré!

Por otra parte el hecho de viajar sola te obliga a abrirte, a hacer nuevos lazos, tener más ganas de volver para compartirlo con los tuyos, y aunque no todo el mundo va a ser como tu y a veces no tengas suerte, en este tipo de viajes sueles encontrarte a personas que valen la pena, así que en este escrito no podía faltar un agradecimiento al grupo de Madrid con el que tan bien lo pasé y cuidaron de mi las últimas horas que tuve la mala pata de encontrarme bastante mal. 

Una vez en casa, recuperada y compartiendo el viaje con los míos, toca volver a trabajar muy duro para poder seguir soñando...
La próxima aventura promete, será en verano, vamos a cruzar Sudamerica de punta a punta (horizontalmente) esta vez acompañada de las culpables que pisara África y que me ayudaron, siendo un apoyo incondicional, a encontrar de nuevo mi camino! Porque cuando encuentras la felicidad en tu forma vivir… nada te puede parar!!! Que no pare nunca esta fiesta y que siempre al volver pueda seguir compartiéndolo con esta alegría!!!

Mientras, siempre me quedará África… y evidentemente, donde nació la ilusión de nuevo, Australia ;)





miércoles, 24 de enero de 2018

¿Te imaginas que...?

¿Te imaginas que nos vamos a la otra punta del mundo? Era muy pequeña y ya soñaba con pisar el país donde la natación, mi deporte, era el deporte rey. He llevado bañadores y toallas con Australia serigrafiado, había visto miles de vídeos de nadadores australianos, sus piscinas, ese país donde el canguro era símbolo de muchas cosas, pero quedaba tan y tan lejos que soñar era lo único que mantenía ese deseo vivo. 

Tan pequeña era que, como los que me conocéis bien sabéis, no destacaba para nada nadando, pero cuantas veces me había dicho a mi misma ¿te imaginas nadando con la selección? Y en un campeonato del mundo? Por aquel entonces era impensable, ni tan siquiera me clasificaba para los campeonatos de España, pero me sentaba delante de la tv a ver los Juegos Olímpicos y los mundiales, también quedaba muy lejos, pero soñar era lo que mantenía ese deseo imposible vivo. Deseo, sueño y objetivo que años más tarde se hizo realidad! 

Mucho más mayor, ya en la universidad y sin dejar de imaginar y soñar en todo lo anterior, mientras se cumplían mis sueños deportivos, llegaba a casa y recuerdo perfectamente como por mi cabeza se repetía de nuevo... ¿te imaginas cuando tenga mi propia consulta? Mi negocio? Este sueño no estaba tan lejos, sabía que con trabajo y constancia algún día, si las cosas se hacían bien, tal vez, podría llegar, pero la ilusión de mantener ese deseo vivo, me hacía soñar cada día. Siendo ahora mi realidad! 



Ya deportivamente retirada, con la carrera acabada y un negocio propio, me permití el lujo de volver a soñar en lo primero, en aquello que me ilusionaba cuando era pequeña, en viajar, viajar mucho y visitar, primero aquel lugar que mi mente había idealizado, Australia. 
Primero creí que lo haría con una de mis mejores amistades, con la que no pudo ser pero disfrutamos de un viaje mágico a Japón, después creí que Australia sería en un futuro mi viaje de boda, y cuando todo se torció recordé lo mucho que deseaba seguir soñando, así que me aventuré a cumplir mi sueño y pisar Australia, donde viví una de las mejores experiencias de mi vida, conocí personas maravillosas e hice realidad ese sueño de cuando era pequeña y me había acompañado toda mi vida. 

Pero aquí no acaba la historia, porque en septiembre, al volver del viaje soñado, me recordé a mi misma que una vida sin proponerte nuevos objetivos, nuevos sueños de aquellos que con tan solo pensar se te iluminen los ojos, no es una vida llena. Así que me puse a estudiar una de mis pasiones, fotografía y seguí soñando proponiéndome pisar el último contintente que me queda por pisar de este maravilloso planeta, África, un viaje que nunca hubiera dicho que haría y ahora solo pensar que en dos meses viajaré a Kenya, me late el corazón igual de rápido y se me dibuja una sonrisa, como la de aquella niña que soñaba en nadar mucho y en viajar a Australia! 

La vida te lleva por diferentes caminos y es importante aprovechar lo positivo que te brinda cada uno de ellos, en una edad donde la presión social aprieta para ser madre entre otras cosas, yo por ahora, he escogido el camino menos transitado, pero siempre fiel a mis sueños y a mis ilusiones, cada día al abrir los ojos nunca falta un... ¿Te imaginas...? Que me motiva a trabajar duro para llenar la vida de experiencias, sueños, viajes que me hagan brillar los ojos y que si la vida algún día tiene que acabarse, tenga siempre la certeza que la he vivido y exprimido al máximo! Y con ese ¿Te imaginas? Lo acompañe un... ¿Te acuerdas de...?

Nunca, nunca, nunca, ni en los momentos más difíciles dejes de soñar...! 
¡¡¡¡África que voy!!!!

¿Te imaginas que....? Continuará...




martes, 2 de enero de 2018

Bienvenido 2018

Son las 12 de la noche del 31 de diciembre del 2018, hace frío, mucho, veo los fuegos artificiales en un parque de atracciones de la ciudad de Copenhague llamado Tivoli, es mi primer fin de año haciendo aquello que más me gusta, viajar. 

Empezar el año de la mejor manera posible, la palabra empezar, suena bien ¿no creéis? Tal vez sea eso tan mágico que tiene coger un avión, el hecho de empezar una nueva aventura. Empezar también significa dejar cosas atrás y estar en constante renovación, abrir la mente, los ojos y el corazón para llenarlo de nuevas sensaciones, nuevas experiencias y nuevos momentos, momentos que el día que queden en el pasado formen parte de lo que en el presente seamos. 

Un paisaje bonito, una cultura diferente, unas costumbres que no son las tuyas, fotografiar lo primero que te asombre, compartirlo con las personas que tienes alrededor, o con las que están lejos pero pendiente de tus aventuras, un desayuno con tranquilidad y una buena charla en el hotel, caminar contemplando las personas, los edificios, aquella plaza, una iglesia, los canales, la ciudad y su esencia, unas risas después de algún comentario ingenioso o cualquier tontería que se te pasa por la cabeza, fotografías divertidas, aquella charla sobre cosas de la vida después de un día intenso de “turisteo”... 

Empezar así el año sólo puede traer cosas buenas, la primera el buen recuerdo de unos días fantásticos que ni la lluvia y el frío han podido entristecer, y la ilusión de buscar un nuevo objetivo para empezar otra aventura. 

Cuando nadaba tenía la vida llena de objetivos, cada objetivo le daba significado a las brazadas de cada mañana a la ilusión que todo aquello generaba, en el trabajo tengo objetivos a diario que son el motor de la ilusión de ser cada día mejor profesional, y en la vida es importante también tener objetivos que te mantengan vivo, que la magia no se apague, que nos permitan tirar adelante cuando no todo es bonito, que nos hagan disfrutar, reír, observar, vivir y sobre todo sentir! 

Así pues este 2018 me quedo con la palabra empezar, que empiecen nuevas aventuras, que empiecen nuevos objetivos, que empiecen nuevas amistades, y con los míos que empiecen nuevos buenos momentos, que empiecen nuevos sentimientos, que empiece el momento de dejar atrás aquello que pesa, que empiecen todas aquellas pequeñas cosas que muchas veces no valoramos pero son capaces de sacarnos una sonrisa, que empiece cada día de nuevo y no pare nunca la capacidad de asombrarme una y otra vez como aquel niño que descubre algo nuevo! 

Empecemos pues, ¡Feliz 2018!