viernes, 6 de abril de 2018

Siempre me quedará África


Desde hace cierto tiempo mi destino ya nunca más fue un lugar, si no una nueva forma de ver las cosas. 

Si me hubieran dicho hace unos años que haría un viaje a África simplemente no lo hubiera creído, me lo hubiera imaginado, tal vez lo hubiera deseado, pero nunca lo suficiente para coger las maletas y enfrentarme a vacunas, incomodidades, el dejar atrás el mundo occidental o la incerteza de saber que pasaría si me aventuraba de nuevo a viajar sola. Pero todo lo bueno nace de un salto al vacío y yo ya hace unos meses que hice ese salto. Los que me conocéis bien sabéis que empecé a saltar el día que decidí dejarlo todo atrás e irme a Australia, cumplir un sueño de toda la vida, hacerlo sola y curiosamente sentirme más acompañada que nunca. 

Ese viaje estaba hecho para mi, el destino había puesto ahí una serie de vivencias y personas que me ayudarían a cambiar mi vida, a conocerme mejor y sobretodo a encontrar la felicidad en aquello que realmente quería, me llenaba y me llena, sin necesitar a nadie, sin necesitar nada más que la ilusión de exprimir la vida segundo a segundo, al máximo, como si no hubiera mañana.
Allí en Australia me hablaron de África, me hablaron de África con unas palabras y unos ojos tan abiertos y tan brillantes que supe que era un lugar del mundo que tarde o temprano tenía que visitar, así que como bien me conocéis ese temprano siempre acaba ganando al tarde en mi vida, si, soy un poco ansias, pero esas ansias también significan ganas. 

Así que después de darle muchas y muchas vueltas no pude esperarme al verano a emprender ese viaje que tanto prometía y que tenía algo de especial, probablemente porque era el único continente de este maravilloso mundo que aun no había pisado, también porque significaba superar ciertos miedos, por ser un viaje diferente, la cultura, la gente, la pobreza y también probablemente porque sabía que una vez pisara África algo en mi iba a cambiar. 
Y así fue y así ha sido, África no te deja indiferente, Kenya es un país precioso, lleno de fauna y paisajes, ver la fauna en su hábitat natural no tiene precio y para los amantes de la fotografía es un regalo para los ojos, para la mente y para el corazón, Pero lo que más me chocó fue su forma de vida, la pobreza, cómo los niños son felices sin nada, sin absolutamente nada, y con qué poco viven los adultos e incluso ante poblaciones pescadoras que nos aseguraban que de pobres no tenían nada, quedas perpleja con su forma de vida. Da mucho que pensar y valorar lo bien que vivimos aquí. Es un viaje que te hace volar, sobre todo el safari, es maravilloso, pero también es un viaje que te hace abrir los ojos y la mente!

No se que tiene el hecho de estar lejos de casa, pero a mi me hace feliz, me obliga a desconectar como nada el mundo, estar encima del 4x4 en medio de la sabana con el aire en la cara, el sol iluminando los campos, la cámara en mano y de repente unos elefantes, o unos cachorrillos de león jugando, lo que siento cuando puedo observar cosas tan maravillosas como estas me llenan tanto o más que cualquier otra cosa. Te das cuenta de lo impresionante que puede ser la naturaleza, incluso en momentos tan crueles como la caza entre unos y otros, nunca olvidaré áquel león comiéndose un elefante muerto, de bonito tenía poco, pero era un momento especial, probablemente no vuelva a verlo nunca más y forma parte de la vida!
Hay momentos de este viaje que enganchan, una charla frente a la hoguera en medio del Masai Mara por la noche, sin teléfono, sin preocupaciones, ilusionándome con lo que podrá suceder mañana, sin nada que importe nada más que el ver, observar y disfrutar de lo que te rodea segundo a segundo. Viajar es maravilloso, y aunque en este viaje acabé cayendo enferma y no pude saborearlo las últimas 24 horas, aun así, lo repetiría mil y una veces más. África tiene algo que no sé explicar pero lo que seguro que se es que engancha y algún día, seguro que volveré!

Por otra parte el hecho de viajar sola te obliga a abrirte, a hacer nuevos lazos, tener más ganas de volver para compartirlo con los tuyos, y aunque no todo el mundo va a ser como tu y a veces no tengas suerte, en este tipo de viajes sueles encontrarte a personas que valen la pena, así que en este escrito no podía faltar un agradecimiento al grupo de Madrid con el que tan bien lo pasé y cuidaron de mi las últimas horas que tuve la mala pata de encontrarme bastante mal. 

Una vez en casa, recuperada y compartiendo el viaje con los míos, toca volver a trabajar muy duro para poder seguir soñando...
La próxima aventura promete, será en verano, vamos a cruzar Sudamerica de punta a punta (horizontalmente) esta vez acompañada de las culpables que pisara África y que me ayudaron, siendo un apoyo incondicional, a encontrar de nuevo mi camino! Porque cuando encuentras la felicidad en tu forma vivir… nada te puede parar!!! Que no pare nunca esta fiesta y que siempre al volver pueda seguir compartiéndolo con esta alegría!!!

Mientras, siempre me quedará África… y evidentemente, donde nació la ilusión de nuevo, Australia ;)





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