miércoles, 23 de abril de 2014

Para siempre

Lo difícil no es conseguir aquello que te propongas, no es lograr sueños, no es sentir algo, lo verdaderamente difícil es dejarlo ir...

Supongo que para dejar ir algo, hay que cerrar esa carpeta, acabar una historia, decir un adiós. Yo no lo hice, no me dejaron, es un NO que no superé. Y es que, como cuesta aceptar que ya no tienes eso que te llenaba, que te hacía sentir, que te hacía feliz. 
Por eso he dejado pasar cuatro años para volver, para volver a Mimizan, el lugar donde me retiré sin saberlo, el lugar donde también debuté en la distancia de 25 km, el primero y el último, cerré un círculo que no se debía cerrar allí.

Hace pocos días estaba de vacaciones Hossegor esta semana santa, con buenos amigos, con grandes amigos que me ha dejado la natación, de esos que puede que estés meses sin hablar, pero cuando vuelves es como si no hubiera pasado el tiempo. Estaba pasando unos días de desconexión, necesarios para desconectar del trabajo y de los problemas, de las responsabilidades, de los males de amores y de todo aquello que forma parte de la rutina. Nada como irse bien lejos en buena compañía para romper con todo. Y es que a veces para seguir hace falta empezar de nuevo.

Como decía, los días en Hossegor estuvieron muy bien, no podía ser de otra manera, playa, solecito, comida, bebida, compras y una estupenda compañía, con la que recordábamos muchos instantes y momentos del pasado, en piscinas, de vacaciones, sensaciones, vivencias... Buen rollo muy buen rollo, cuando te das cuenta que te unen muchas cosas y que el cloro te hace de una pasta especial. Es guai, muy guai!

Con tanto recuerdo acuático se me ocurrió el domingo cuando todo el mundo volvía a casa y a mi me quedaban unas horas en Donosti, irme hacia el norte de Francia, hacia el lugar donde di mis últimas brazadas como nadadora, donde nadé mi último 25 km, donde toqué mi última placa, donde gané mi última medalla, donde por última vez levanté el pulgar en señal de victoria, satisfacción y felicidad. Mimizan fue el lugar donde cualquier otro nadador hubiera llorado con una mezcla de tristeza y felicidad. Yo no lo hice porque no sabía que iba a ser mi última puesta de largo.

Así que por este motivo me fui yo sola a Mimizan, toda pérdida debe tener un duelo y yo en mayo de hace cuatro años no lloré, no sabía si iba hacerlo hoy, pero si sabía que quería llegar allí, sentarme en el pantalán y respirar hondo antes de decir adiós. 
Y así lo hice, pero cuando llegué, y me acerqué y toqué el agua y me visualicé nadando, acabando 25 km tercera, con un hombro operado y con una sonrisa de oreja a oreja, fue inevitable romper a llorar. Y si, lloré a moco tendido, hasta suspiraba! Pero eso solo es señal que allí, ese día, aunque no supiera que se acababa, fui extremadamente feliz.
La vida son etapas, todo pasa y hay que cosas que hay que dejarlas ir, pero sabéis que? Que yo me niego a hacerlo, dije adiós a Mimizan, y a los 25 km y a todo lo que eso suponía, pero no dije adiós al sentimiento de felicidad, de lucha, de satisfacción por conseguir todo aquello que todo el mundo decía que no sería capaz. 
Y es que hay cosas que llenan demasiado como para dejarlas ir... Demasiado...
Hasta siempre Mimizan!!!