domingo, 25 de agosto de 2013

Volver

Si tuviera que ponerle un título a este verano sin duda sería el de esta entrada: Volver
Volví al mundo de la natación pero como fisioterapeuta en los Mundiales de natación en Barcelona, volví a Sevilla para recordar un sueño, otro mundial, y para hacer uno nuevo realidad y volví a Budapest para poder mirar esta bonita ciudad con otros ojos, con buenos ojos.

Podría explicar muchas cosas de los Mundiales, anécdotas, momentos... pero me voy a quedar solo con una cosa y es que al fin y al cabo el caballo es caballo lo mires de frente y veas la cara o lo mires por otra parte y veas el culo, porque tanto el culo como la cara siguen siendo del mismo caballo; con esto quiero decir que tanto puede ser bonita la cara como el culo y que la suerte es poder haber visto los dos puntos de vista. Y que el último me ha aportado conocer a mucha gente, pasar grandes momentos, crecer como profesional y tener la oportunidad no solo de ejercer de fisio voluntaria sino de trabajar con el equipo australiano de waterpolo masculino. 
Para acabar quiero dar las gracias a Isa y a Fidel por el trato recibido y la confianza depositada.



Sevilla tiene un color especial... Si, si ya lo ha tenido siempre des del 2004 aun más y des del 2008 pasó a ser un lugar no solo con un color especial, si no un lugar mágico donde el esfuerzo diario de muchos años, donde todas las brazadas que di al largo de mi vida dieron su fruto y donde lo pude compartir con toda mi gente. Un lugar que significa muchas cosas para mi, no es solo un resultado, son vivencias, sentimientos, recuerdos, son personas y son sensaciones y desde ese 8 de mayo del 2008 no había vuelto a la ciudad mágica. Aterrizar en Sevilla significaba sentir muchas cosas, pero entrar en el CAR de la Cartuja y ver el río Guadalquivir, la zona de salida, las gradas y bajar al pantalan... y respirar hondo y sentir un montón de cosas, nostalgia, recuerdos, felicidad y un nudo en la garganta que te pide a gritos que eches unas lagrimitas, pero unas lagrimitas buenas, de esas que te recuerdan lo feliz que pudiste a llegar a ser ese día.



Allí hice un sueño realidad y mi visita a Sevilla no solo era para recordarlo, si no para hacer realidad uno que llevaba años buscando, no tiene nada que ver con competir, pero si con el agua, con mi símbolo, mi amuleto, mi tatuaje, mi animal... Des de bien pequeñita había soñado nadar con delfines y me propuse que de este verano no pasaría, así que de Sevilla a Portugal y en el Algarve al agua patos, pero con delfines, por supuesto. Experiencia mágica, terapéutica e impresionante. Aunque me hubiera gustado nadar con ellos en libertad en las Azores, tengo que reconocer que no estuvo nada mal hacerlo en acuario y tener la oportunidad de acariciarlos y nadar cogida a sus aletas, es algo impresionante; sueño hecho realidad.



Pasamos de la ciudad mágica a la ciudad maldita, lugar donde nadé mi primer Europeo y pude comprobar que las rivalidades dentro del agua existen perfectamente también fuera y que la competitividad se puede llegar a transformar en maldad cuando uno se siente amenazado por la posibilidad que lo repases compitiendo. Lugar que me tenía que haber llevado a mi tercer Europeo con la mirada puesta al Mundial del año siguiente, momento que nunca llegó. Budapest llevaba connotaciones negativas y eso no podía ser... Ciudad que cuando estuve no la pude ni visitar, decidí ir de vacaciones este verano y que junto a Praga fueran los destinos escogidos para hacer turismo. Así pues cuando una ve el puente de las cadenas y el parlamento iluminado es imposible que no se le borren los malos momentos que conlleva la palabra Budapest, que unas risas a la orilla del Danubio o los buenos momentos en Isla Margarita pueden hacer que lo que estabas mirando, ahora lo mires con buenos ojos. Por último, Praga, de Praga no tengo palabras, es tan sumamente bonito que no se puede expresar, se tiene que ver. En Praga no había estado así que como cuando competía pedí unos deseos, esta vez pero, atados a la barandilla del puente cerca del muro de John Lennon, con un candado, cuyas llaves permanecerán siempre conmigo.





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